No sé que tengo que aprender de los benditos duelos, de los cierres, de los cortes al pulmón cuando intenta decirte tanto mi alma, tanto sin ningún sentido.
Se me doblan los brazos, se me achican los sentidos cuando te veo frente a mi incapaz de tocarme la boca necia y silenciarla, de frenar mi despedida que sólo parece una advertencia en palabras mal dichas y no un adiós de a deveras.
No me dices que me quede, ni abres la puerta para que me vaya.
Me dices adiós esperando que regrese siempre.