martes, 6 de octubre de 2015

Dormitando.

El reloj suena, escucho ruidos que antes no percibía, por ejemplo la cabecera cruje como pisar madera mojada cuando pasa un coche por la calle rápido y cerca, si muevo los pies para arrullarme en la cama, el roce de la sábana suena a olitas de mar reventando al pie de la arena, escucho al viento decidido a cruzar el vidrio roto de la ventana hasta lograr bailar con las persianas que continuamente se golpean y se asemejan al sonido de bambúes bailando en un pequeño río, creo que hasta los perros duermen profundamente, mientras yo sólo dormito. 

Pasan los minutos, uno a uno y tu no estas aquí para contarlos conmigo, estos ruidos y este insomnio son sólo míos. 
Otro sonido me sorprende, es tu voz pero sólo es un eco de tantos recuerdos, cierro mis ojos y en un instante duermo, pensar en tu voz me hace sentir que de pronto estoy contigo, trae calma a mi noche y una sonrisa a mi siguiente minuto sin ti.
El reloj suena, escucho ruidos que antes no percibía, ojalá fueran tus pies paseando en la alfombra con todos tus pasos y todos tus sonidos.


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