martes, 13 de octubre de 2015

Si no existiera el miedo...

A veces quisiera que los días buenos nos hubieran durado 48 horas, que nunca hubieras tenido que dejar de comer pan con nutella, ni pizza de queso. Que el pasado no hubiera sido tan duro y que las cicatrices que dejó no fueran un constante recordatorio del miedo del malo, del que te paraliza. Que este no se atreviera a ser tu compañía, que fuera solo un viejo conocido que va y viene en oleadas sin nunca quedarse. 

Quisiera que la idea de los estereotipos la redujeras a nada, que no existiera clasificación para los deseos de las personas que amamos y que solo hubiera ganas interminables de hacer lo que le hace feliz al otro sin tenerlo que encerrar en un concepto, sin tener que dejar de ser tú al entender lo que significa compartir.

Compartir la cama, la mesa, el sillón, la regadera, la prensa francesa, la vida. 

Renunciar a lo que se quiere por temor a nuestra propia capacidad de amar no es un regalo de valientes, es una mentira mal contada, preferiría saber que no me quieres a pensar toda la vida que solo nos dejan ir los que nos aman. 

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