Quisiera que la idea de los estereotipos la redujeras a nada, que no existiera clasificación para los deseos de las personas que amamos y que solo hubiera ganas interminables de hacer lo que le hace feliz al otro sin tenerlo que encerrar en un concepto, sin tener que dejar de ser tú al entender lo que significa compartir.
Compartir la cama, la mesa, el sillón, la regadera, la prensa francesa, la vida.
Renunciar a lo que se quiere por temor a nuestra propia capacidad de amar no es un regalo de valientes, es una mentira mal contada, preferiría saber que no me quieres a pensar toda la vida que solo nos dejan ir los que nos aman.
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