sábado, 24 de octubre de 2015

Fe

Esta vez que llegó a mi la tristeza tuve oportunidad de recibirla de manera distinta, uno nunca está preparado para las situaciones emocionalmente difíciles, y cada que me sucedía algo así yo estaba muy mal parada en el terreno espiritual, entonces me sentía un poco falsa pidiendo claridad a Dios o al universo cuando en la cotidianidad no tenía ni un momento ni para agradecer la comida en el plato. 

Hace 4 meses que comencé con mis cursos de Energía Universal y yo misma me fui adentrando de nuevo en el territorio de la creencia, anduve buscando respuestas y guías espirituales para identificarme y me sorprendí de todos los textos que llegaron a mí en los momentos precisos, hoy que estoy pasando por una situación difícil no me siento con la necesidad de recurrir de emergencia a algo que ahora he tenido presente y constante, tener momentos para agradecer a pesar de lo negro del panorama y tener el valor para creer y confiar en que las decisiones que he tomado van de la mano del plan divino, me ha ayudado a no sentirme tan perdida cuando no comprendo del todo por qué lo que parece tan sencillo, como el simplemente ser felices, se complica.

La noche es el momento más difícil pues mis pensamientos están todo el tiempo bombardeandome con los "si hubiera" y la inseguridad se me cuela y me da golpecitos en la espalda recordándome que tal vez algo hice mal, tal vez algo no era como yo suponía, y asumo, empiezo a inventar historias, me mortifico y cuando voy a ceder ante esos pensamientos, a dos rayitas de querer volverme un poquito más loca, respiro, me lleno los pulmones y vacío mi mente, entrego todo a quien todo lo puede y me cambio el chip a modo "confío". 

Las primeras veces no me funcionó tan de golpe pero no deje de intentarlo. 

Estaba tan acostumbrada a sentirme culpable que no sabía cómo detenerme. Simplemente dejaba que todos esos pensamientos me inundaran hasta que me quedaba dormida de tanto cansancio que tenía mi cabeza, esta vez logré separar mi tristeza de mi ansiedad y logre comenzar a disfrutar la melancolía de otra manera, desde entonces no he dejado de escribir. 

Tuve la oportunidad de recibir este sufrimiento desde otro lugar y darle la importancia que tiene y su duelo, intentando todos los días soltar y confiar de verdad honestamente desde mi conciencia y mi corazón en que pronto voy a compaginar la alegría de lo que viví con el dolor de lo que nos deja sin palabras cuando decide no estar. 

Este vacío se me ha ido llenando de mucha fe, de ganas de desear el bien al otro y de fuerza para como cuando noches como hoy en que no puedo dormir, me llegue algo de serenidad de golpe y me permita compartir lo que la fe ha hecho por mí, cuando yo ya no creía en nada.

No hay cosa más precisa que los tiempos que el universo tiene para nosotros, por más doloroso que sea el camino y el aprendizaje, me reconforta saber que algo más grande que yo está escribiendo una hermosa historia y un hermoso final para mí bajo la luz de todas las estrellas. 





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